37.
INTERVALO DOLOROSO
Cosa arrojada a un rincón, trapo caído en el camino, mi ser abyecto, antes la vida, finge que no lo es.
B. Soares.
¿Qué forja la aparente disciplina?
¿que desgarra los sentidos, hasta volver la abstracción parte de la vida inocua,
de los logros que no llegaron a ser mas que un reflejo en un espejo roto?
No quedan ancestros que amen mi esencia,
no quedan voces vitoreandome,
me arrincono en el humo que nubla mas que el entendimiento,
la vista y la garganta con que canto para demonios,
pues la luz me ha dado la espalda.
Reclamo el calor del sol,
pero el bello resplandor hoy quema mis entrañas,
y deseo arrojarme a ello, como si a un volcán se tratase.
Pero me sumo en la oscuridad del piano...
la voz que me consuela,
el grito ensordecedor del violín que me recuerda que hay vida aún.
Vida...en una eternidad que desconozco,
el azul de su mirar es sombrío...
se ha convertido en el negro de mis noches.
La función tiene que continuar...
y sólo soy un intrumento vano de un corazón desgarrado,
de un alma sin sangre que finge que no lo es...
Jael Bellmonte.
